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Gustavo Grobocopatel: “No me gusta la función pública pero aceptaría ser Presidente”

El exitoso empresario, apodado el "Rey de la Soja", habló con Infobae sobre la actualidad del país, el caso Maldonado y el desafío de la automatización laboral

Tiene 58 años y es humilde hasta para describirse. En su canal de YouTube se presenta solo como músico. En su Facebook agrega que es de Carlos Casares y postea “flyers” de sus presentaciones. Y en su perfil de Twitter se define como ingeniero agrónomo, Presidente de Grupo Los Grobo y músico. Pero en ningún lado se identifica como el primer productor de trigo del país y segundo de soja y el gran modernizador del campo argentino. Dos cosas que le valieron un apodo en la opinión pública que no le gusta: “El Rey de la Soja”.

Gustavo Grobocopatel es un referente del sector empresario y también un muy buen cantante de folclore y música lírica. Dice que es político pero que no le interesa la función pública. Y no le tiembla el pulso en hablar sobre la coyuntura. Cuando se le pregunta por la solicitada firmada por él y los empresarios más importantes sobre el Caso Santiago Maldonado afirma que faltó firmeza desde el poder y también conciencia sobre los derechos de los pueblos originarios. Bromea con que sería presidente solo si lo llaman todos por aclamación. Y confiesa que, aunque es lo que lo hace feliz, no se dedicaría solo a la música porque sus intereses son múltiples.

En una charla con Infobae describe cómo ve el rumbo del país, define el rol del empresariado en este momento y presenta como el gran desafío de la sociedad la necesidad de prepararnos para la revolución del conocimiento que viene: la robotización, la uberizacion, la inteligencia artificial. Pronostica que de diez trabajos que va a haber en el futuro siete hoy no existen y que el sindicalismo argentino no está a la altura.

—¿Cómo se sostiene el éxito?

—La palabra éxito hay que definirla. Éxito es un período breve entre dos fracasos, eso por la idea de que no hay un éxito o un fracaso es un aprendizaje. La pregunta o la respuesta sería cómo sostener una forma de aprender continuamente de lo que pasa y poder usar eso para evolucionar, reflexionar, para mejor. Si uno no lo piensa de esa manera, el éxito es algo efímero, no presagia cosas buenas

—En tu camino al éxito, ¿cuánto tiene que ver la música?

—Cada día pienso que más. La formación artística genera en el cerebro una forma de pensar distinto, afuera de la caja, comunicar mucho más desde la emoción, te ayuda a ser más creativo. La formación artística debería ser obligatoria, no para ser músicos, sino para desarrollar esa parte del cerebro tan útil para el siglo XXI..

—¿Cómo ves al país, creés que estamos construyendo un camino hacia éxitos efímeros?

—O fracasos efímeros… Yo creo que en Argentina desde hace muchos años debatimos qué queremos, qué somos, y creo que no lo tenemos claro. La sociedad argentina es una sociedad plana donde lo aspiracional es lo mismo. Y eso es un potencial enorme pero que requiere de instituciones fuertes, del cumplimiento de la ley y eso no existe.

—Tiene varias aristas. La primera es la tragedia de tener una persona desaparecida más. Pero después hay otras connotaciones que tienen que ver con los derechos de pueblos originarios. No hay conciencia en la sociedad sobre derechos de pueblos originarios, de que podemos construir un nuevo nosotros a partir de esa diversidad. Después hay otras cuestiones de cómo funcionan las instituciones.

—¿Cómo se estuvo manejando el caso?

—Más allá de que el Gobierno respeta la división de poderes y demás, es probable que se haya tenido que poner más firmeza en el mensaje. Los funcionarios no están acostumbrados a lidiar con este tipo de problemas. Igual no es un problema de este Gobierno, tenemos varios desaparecidos en los últimos años y también gobiernos que no han dado respuestas en tiempo y forma.

—¿Cómo está el sector empresario?

—Estamos mal pero contentos. Estamos mal en el sentido de que no hay rentabilidad, de que hay que entender que el gradualismo evita shocks, crisis, dolor pero también la recuperación es gradual y es una forma de que el empresariado pague el costo mayor de esta transformación. Los empresarios lo tenemos que hacer con gusto, es el aporte que tenemos que hacer. Pero esto cuesta. Las inversiones llegan lento, o no llegan, no se generan puestos de trabajos en la velocidad que tendríamos que tenerlos. Veníamos conduciendo un barco que iba a una crisis impresionante y profunda y ese barco cambió de dirección, vamos en la dirección correcta.

—¿Cómo te imaginas el campo en el futuro?

—Hay una convergencia tecnológica basada en la biotecnología, en la robotización, en la “uberización”, internet, nanotecnología, inteligencia artificial, una gestión de mayor información y datos que permiten ser más precisos en la gestión y la toma de decisiones. Va a haber menos gente menos gente en el campo pero va a haber más gente en los ecosistemas de negocios alrededor, gente en la fábrica de robot. Y para eso tenemos que aprender a aprender, formarnos

—¿Crees que en la Argentina estamos preparados para ir hacia ese crecimiento o también pueden haber resistencias por ver en lo inmediato la pérdida de un trabajo?

—El gran desafío que tiene la sociedad hoy es prepararse para esta revolución del conocimiento que viene. Nuestra experiencia con la revolución industrial fue mala porque trajo mucho progreso, pero la sociedad se resintió notablemente. Las familias se disolvieron porque vinieron del campo a las ciudades, las industrias tenían mala calidad de vida, hubo mucho dolor, la sociedad no se preparó, no previó que iba a haber transformaciones de ese tipo; ahora corremos el riesgo de que ocurra lo mismo. En la medida que nos cerramos más, que no interactuamos, que preferimos tener razón a aprender, que los trabajadores quieren proteger el trabajo que tienen pero nadie está pensando en el trabajo que viene, en que las industrias y los empresarios queremos proteger nuestro trabajo pero no transformarnos o cambiar de paradigma, en que los políticos que quieren seguir haciendo política de la misma manera y no de las maneras que vienen, bueno acá estamos en un medio moderno, uno nota que es otro lenguaje, otra forma de hacer periodismo, sin embargo hay muchos medios que siguen con la forma vieja…

—¿Cómo te imaginás el rol del sindicalismo argentino en este proceso?

—Es muy raro porque se dice que de diez trabajos que va a haber en el futuro, siete hoy no existen. Y muchos de los que existen no van a existir. Entonces tenemos hoy un sindicalismo que está focalizado en defender los derechos de algo que a lo mejor en el futuro no existe. Y poco se ve a sindicatos o sindicalistas que estén pensando en el trabajo del futuro, eso es riesgoso. Mi ideal sería que más trabajadores pasen a ser emprendedores, que sean dueños de sus propias empresas, entonces es como que el sindicalismo tiene que formar a gente o trabajadores para que dejen de ser trabajadores.

—¿Y los ves con esa intención?

—No veo esa intención, es muy loco que vas a tener que formar a tus socios para que dejen de ser tus socios. O que sigan siendo tus socios pero de distinto lugar.

—¿Qué es lo que más te preocupa?

—Yo diría que la falta de conversación . Tenemos una grieta trucha. Tengo muchos amigos que piensan distinto que yo y muchos que piensan como yo y no lo percibo como una grieta. Acá no tenemos la capacidad de escucharnos y entender el punto de vista del otro, estamos discutiendo cosas banales y no las cosas grandes. Esa es la madre del problema.

—¿Te gustaría ser político?

—Soy político. Pero no me gusta la función pública

—¿No te gustaría ser presidente?

—Presidente sí, pero por un mecanismo muy especial: que todos se pongan de acuerdo y sea por aclamación

—¿Y si sabés que todos te van a votar?

—No sé, es mucho trabajo. No sé si tengo ganas

—¿Y músico?

—Eso es lo que más me gustaría. Que ocupe más tiempo. Pero no quiero dedicarme solo a la música, soy una persona que tiene intereses varios.

Fuente: infobae.com

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