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#Salta: “El libro es un laboratorio y la crónica es, para mí, el laboratorio de la escritura”

20/11/2017 - En el marco de Salta Expo Libros 2017, el escritor tucumano Fabián Soberón, llegó a Salta para presentar “Cosmópolis. Retratos de Nueva York” en la sala Walter Adet del complejo de Bibliotecas (Belgrano 1002), dictò el taller “Kafka y Shakespeare van al cine”.

Fabian Soberon

Diste un seminario de cine y literatura basado en Kafka y Shakespeare, autores disímiles en época y geográficamente, ¿cuáles son los puntos de contacto entre ellos?
Solo a los efectos de la condensación y de la brevedad es que tomé dos casos de reescritura cinematográfica, ya que me interesan ambos pasajes: el de la literatura al cine y el impulso, la influencia que hay desde el cine en la literatura. Dicté talleres y trabajé este vínculo en el caso de Madame Bovary y la versión de Claude Chabrol, el cuento Blow up de Michelangelo Antonioni, a Sangre Fría y las distintas versiones que se hicieron de la novela de Truman Capote, entre muchas otras.

En estos casos disímiles trabajo las distintas variaciones de la reescritura. Tomo el concepto del crítico francés Maurice Blanchot y propongo distintas variaciones de reescritura fílmica. En principio, hay un punto claro respecto de la fidelidad o infidelidad: algunas obras de Shakespeare fueron llevadas al cine por Zeffirelli, paradigmáticas de la fidelidad. Sobre la infidelidad paradigmática es la versión de Wim Wenders de Paris-Texas, a partir de las Crónicas de Motel de Sam Shepard.

Te convoca la reescritura…
Sí. Me interesa estudiar el fenómeno de la reescritura. Solo que en este taller, con el propósito de que sean dos encuentros en una sola jornada, tomé estos dos casos porque creo que en ambos se trabajan distintos niveles de fidelidad e infidelidad. En Shakespeare, tomo la versión de Kurosawa en la película Trono de sangre. Hay cambio de tiempo y de espacio y por lo tanto la reescritura se enriquece. En el caso de Kafka, Orson Welles toma El Proceso y hace una versión distorsionada, negra, absurda, extraña. Me parece que son dos casos originales, tanto de la historia de la literatura como del cine.

¿Cuál fue la dinámica del taller y a quiénes estuvo destinado?
El taller estuvo destinado a todo público y fue gratuito. A partir de fragmentos de ambas películas mostre cómo cada uno de los directores, que tienen carreras políticas diversas y muy ricas, ha interpretado y reescrito estas dos obras de la literatura. Tomar a Shakespeare y Kafka es un desafío, están casi al límite de la imposibilidad de la reescritura. Por eso creo que tanto Welles como Kurosawa han optado por hacer un desvío. De alguna manera, se salen de las obras literarias para hacer su propia escritura. No les queda otra vía. Si tuvieran que plantear un grado cero de la infidelidad, estarían en problemas: hubieran hecho películas mediocres. La dinámica será trabajar a partir de fragmentos de los filmes y buscar una interpretación conjunta donde elaborar la idea de la reescritura y se pueda ver cómo los guionistas y después los directores, desde el trabajo audiovisual que es opuesto al verbal, han podido hacer su propia pieza artística a partir de los textos de estos escritores magníficos.

Presentaste además un libro de crónicas ficcionales ambientadas en Nueva York. ¿Por qué seleccionaste esa locación y como transitaste el proceso creativo de esa obra?
Presente este libro por segunda vez en Salta. Participaran Carlos Müller, Daniel Medina y María Eugenia Carante. El libro fue escrito en 2015, en mi estadía en esa ciudad durante tres meses. Lo había planificado antes del viaje y anteriormente también había escrito el libro de crónicas “Ciudades escritas” con diversas locaciones de ese país: Boston, Nueva York, Los Ángeles, Vermont, Hollywood, etc. Cosmópolis, como dije, fue escrito desde antes del viaje, aunque en mayor parte se produjo durante mi estadía. El libro trabaja con historias mínimas, con personajes de la vida cotidiana de la ciudad. Yo procuré, intencionadamente, del lugar del turista, de aquel que ve los íconos de la cultura de Nueva York. Y busqué radiografiar a los personajes que me cruzaba en mi barrio, Brooklyn, y en los lugares por los que transitaba.
¿Y qué personajes encontraste en ese tránsito?
Con ese objetivo, caminé para cazar las historias de esos personajes. Así aparece Renán, un fotógrafo de Nueva York, un colombiano que me guió en muchas ocasiones por Manhattan.
También aparece la historia de una vendedora de helados, en el Washington Square, de otro vendedor en la Quinta Avenida, de una señora que espera a no sabemos quién y que tiene a su lado a un perrito que está encarcelado. Aparecen las historias de los negros, de uno a quien veía en el lavadero y a quien seguí para escribir sobre él. También las historias de mis vecinos. Tenía la voluntad de escribir un libro que tuviera una unidad semántica, pero también una unidad narrativa. Por eso, he pensado que el libro puede leerse como una novela, aunque cada relato es independiente y funciona de manera separada. También el libro contiene distintos géneros: poemas, microhistorias, ensayos, el registro de la crónica diversa, la reflexión filosófica. Es un libro que funciona como un laboratorio. Por eso he dicho- en varias ocasiones- que la crónica es, para mí, el laboratorio de la escritura.

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