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martes, 27 septiembre, 2022

En el Polivalente no alcanzan las aulas y van a clases por turnos

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Ya casi termina el año y los alumnos del Polivalente de Arte todavía no pueden retomar el ritmo normal de clases. Les habían entregado las obras de refacción de la casa de Urquiza al 400 cuando rebalsaron las cloacas del anexo de Ituzaingó 317 y tuvieron que clausurarlo. Ahora todos cursan las materiales formales y los talleres artísticos en la sede principal pero no hay espacio suficiente. “Acá tenemos 18 aulas y necesitamos 35”, explicó el director, Sergio Durnelli.

La solución transitoria es que los chicos asistan a clases por turnos, lo que provoca que algunos pasen una semana entera sin ir al secundario. “Armamos mesones en los patios techados y ahí, por ejemplo, ubicamos a cuatro cursos. También hablamos con los profesores para que busquen estrategias de enseñanza que prioricen algunos contenidos y los chicos puedan avanzar”, detalló el docente. “Además como un grupo de alumnos empezó las clases a tiempo, le pedimos que algunos días no vengan y así el resto que está más atrasado no pierde el año», agregó el docente que calificó al 2016 como “un año tremendo” para el Polivalente.

De la fecha de regreso al anexo clausurado ni hablar. “Hoy me van a pasar un informe de la situación porque al parecer el problema viene del edificio colindante”, contó Durnelli sin precisiones.

La costumbre de estudiar en malas condiciones

El Polivalente de Arte tiene dos sedes. La principal en Urquiza al 400 y un anexo que desde 2012 funciona en Ituzaingo 317. Los alumnos están divididos por especialidades. A la mañana cursan las materias formales y por la tarde se forman en una disciplina artística específica. En Urquiza se dictan los talleres de música y danza clásica, mientras que en Ituzaingo aprenden artes visuales y danzas folclóricas y populares.

Desde hace años el deterioro en la sede principal era cada vez más visible. Las paredes del sector viejo de la casa se llovían y las instalaciones eléctricas estaban arruinadas. En repetidas oportunidades suspendieron las clases por las filtraciones de agua durante una tormenta y lo lamentable es que los chicos naturalizaron esta marginal forma de estudiar.

En diciembre de 2015, alumnos y docentes terminaron las clases con lo que se suponía era una buena noticia. Por fin iban a refaccionar el Poli de la Urquiza. Se fueron de vacaciones con la promesa de que comenzarían el nuevo período en aulas en mejores condiciones. Sin embargo, las obras de refacción se atrasaron y, por ende, el inicio de las clases también.

La situación obligó a las autoridades del establecimiento a alquilar oficinas en la calle Belgrano para que los chicos estudien allí provisoriamente. Las clases para los estudiantes de música y danza clásica empezaron más tarde de lo previsto.

En mayo se cansaron de esperar, organizaron un abrazo simbólico a su escuela e instalaron el lema que los acompañó durante toda su protesta: “Un techo para el Poli”. En ese momento el secretario de Obras Públicas de la Provincia, Jorge Klix, prometió que la refacción terminaría en agosto.

Se cumplió el plazo y sin novedades los adolescentes cortaron la calle exigiendo volver a sus aulas. Con cantos y carteles hicieron una sentada en la esquina de Urquiza y Buenos Aires para reforzar su reclamo.

Finalmente en octubre se entregó la terminación de la obra de refacción de la antigua casona. Se arreglaron los techos del sector viejo para evitar las filtraciones de agua pero la parte trasera permanece deteriorada y en mal estado. Hay escombros en los baños y algunas aulas están divididas por improvisados tablones de madera. Sin embargo, por su costumbre de adaptarse y con su fuerte sentido de pertenencia al Poli, los chicos se encargaron de hacer parte de la mudanza. Trasladaron sus bancos y pupitres desde el edificio de la Belgrano hasta la Urquiza.

Cuando todo parecía normalizarse el 31 de octubre en el anexo de Ituzaingó rebalsaron las cloacas y tuvieron que clausurarlo porque el agua servida mezclada con líquidos cloacales que ingresaba por el edificio alcanzó los 50 centímetros en el sótano y el olor era insoportable. Ahora todos están en la sede principal, donde no hay aulas suficientes y se distribuyen para ir a clases por turnos. Todo parece indicar que así van a terminar el año.

Fuente: LG

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